CAPITULO II El quinto día
Fioletovyĭ se encendió un cigarro, aspiró profundamente y soltó el humo lentamente viendo como se deshacía en volutas y girones blanquecinos que destacaban como fantasmas iluminados por el replandor que surgía del cristal de la sala de control. Miró el cigarrillo que sostenía en su mano derecha, era un Lucky Strike americano, al fin y al cabo se podía permitir ciertos placeres vedados al resto de sus compatriotas y el disfrutar de el tabaco "capitalista" era uno de ellos.
Hacía cinco días que el experimento había comenzado, la sala de se encontraba en un ambiente de semipenumbra, las tenues luces ambientales apenas hacían reconocibles los rostros del resto de científicos que se encontraban más alejados de la mampara de control, sus movimientos destacaban por el tono blanco de sus monos y batas blancas, aun así, no podía ver a los que se encontraban más alejados de el en la enorme estancia.

De momento todo había ido bien, el comportamiento y reacciones de los cinco voluntarios había sido el previsto, todas las anotaciones encajaban con los cálculos estimados que se habían elaborado. Las mediciones de gases arrojaban valores normales, el consumo de alimentos y la actitud de los sujetos también se encontraban en los parametros considerados normales.
Durante aquellos cindo días iniciales el Coronel se había dedicado a pasear por Fermy snovideniĭ, el complejo ocupaba la antigua ubicación de una Granja, de hay venía su nombre, en total y debido al elevado número de cientificos, personal auxiliar y miembros de la Fuerzas del Estado, la extensión de Fermy snovideniĭ llegaba a las 25 Hectareas y se había convertido en un pequeño pueblo.

El desarrollo del experimento duraba ya dos años y la mayor parte del personal había sido autorizado a trasladar a sus familias al complejo, así que La Granja de los sueños se había tenido que adaptar a la llegada de mujeres y niños, se había habilitado un pequeño hospital, una escuela, un restaurante/comedor, una comisaría de policía, una carcel donde los alcohólicos podían dormir su borrachera de vozka e incluso un pequeño cementerio.

Fioletovyĭ también tuvo la oportunidad de conocer a los peculiares habitantes del lugar, Herr Doktor Schumaker había conseguido que junto a el también saliesen de Alemania su mujer Nutte y sus dos hijos, Luchs el mayor y su hija pequeña Vielfraß de la que se decía había heredado la hermosura de su madre y la sagaz astucia de su progenitor, tenía a su cargo un nutrido grupo de científicos, su brazo derecho era su ayudante la también alemana Fraulain Cita, una mujer tan bella como cruel que destacaba por su sádico gusto en torturar a los prisioneros que se habían presentado voluntarios al experimento con la falsa promesa de una futura libertad. Ambos tenían a su cargo un númeroso grupo de ciéntificos ocupados en diversas tareas relacionadas con el experimento.
A cargo de la pequeña fuerza de policia militar estaba el Camarada Capitán Оскар, un campesino que se había incorporado al ejercito rojo durante la Gran Guerra Patria y que había hecho carrera en el mismo.
Por último, el Tovarich Komissar Josep era el encargado de conservar, vigilar y hacer cumplir los requerimientos del partido a todos los habitantes de aquella comunidad.

Después de aquellos cinco días, no había mucho más que ver, se había recorrido una y otra vez aquel lugar, había dado largos paseos por el melancólico y tranquilo cementerio, había llegado a la mansión que se alzaba en la cima que dominaba todo el complejo, había visitado todos y cada uno de los edificios que estaban relacionados con el experimento, el laboratorio donde se encontraba el recinto principal del experimento, el sanatorio donde se realizaban las pruebas psiquicas a los voluntarios... al final del quinto día, la labor del Coronel se había empezado a volver monótona.
La evolución del experimento permanecía cadenciosa, los sujetos leían, comían, hacían sus necesidades y sostenían charlas intrascendentes, solamente se registro un pequeño cambio en aquel quinto día del experimento, por primera vez, los voluntarios empezaron a quejarse de su triste destino, comenzaron a lamentar las circustancias que lo habían llevado allí, rememoraron acontecimientos de su trágico pasado, sus vivencias en la Guerra salpidas de terribles y drámaticos hechos.
Y entonces llego el noveno día...
CAPITULO III El noveno día
El grito pareció poder oírse en todo Fermy snovideniĭ, cortó el aire de la noche como un cuchillo oxidado que avanza torpemente por la carne, avanzando y deteniéndose, en el silencio de la madrugada el grito fue el trueno que antecede la llegada de la tormenta, el horrible alarido fue la sirena que anunciaba el principio de la pesadilla.
La taza de café caliente de Fraulain Cita se estrelló contra el suelo rompiéndose en mil pedazos, su piel se tornó en lija áspera, todos los músculos de su cuerpo se tensaron mientras un escalofrío recorrió su espalda, como una lengua de hielo lamiendo su espina dorsal, el frío subió hasta llegar a su nuca donde sintió el helado beso del sonido del grito.

El Comisario Josep y el Capitán Оскар se encontraban charlando en la puerta del cuartel de la milicia cuando llegó hasta ellos, ambos eran hombres curtidos, veteranos de la Guerra Patria, aun así no pudieron evitar que el ominoso sonido les encogiera el corazón. Reaccionaron y corrieron hasta el laboratorio.

Los tres operarios que se encontraban de guardia durante la noche tenían desencajado el rostro de terror, dentro de la mampara, envuelto en una burbuja de horror se encontraba la solitaria figura de un voluntario, de pie, erguido con los brazos pegados a los costados, su garganta emitía aquel chillido constantemente, el grito no cesaba, no paraba, parecía que el flujo de oxigeno a sus pulmones no fuese necesario, su voz subía y bajaba de tono, saltaba tonos y octavas, tejía escalas de puro miedo, era una sinfonía musical escrita por la más perturbada de las mentes, ejecutada por la locura más absoluta.
El Coronel entró precedido de varios soldados, tuvo que gritar a los aterrorizados científicos hasta que estos reaccionaron. Se dirigió hacia Fraulain Cita que continuaba mirando de pie ante el cuadro de control. La mujer era una estatua rodeada por el resplandor azul que atravesaba el cristal.
- ¿Qué demonios pasa aquí?
Fioletovyĭ la zarandeó cogiéndola de los hombros pero continuó sin reaccionar, ¡reaccione Cita, maldita sea! Un sonoro bofetón hizo que la científico volviera en si.
Los ojos desorbitados de la pequeña mujer se clavaron en el rosto del Coronel.
- ¡Responda le digo! ¿Qué ha ocurrido?
Por fin Cita comenzó a hablar:
- Tovarich polkovnik Fioletovyĭ, no lo sabemos exactamente, llevaban cuatro días en situación estacionaria, pero esta mañana, hace 12 horas los voluntarios se sentaron en círculo y permanecieron en silencio mirándose los unos a los otros, hasta hace unos minutos, de repente el sujeto 03 se ha levantado y comenzado a gritar.

Mientras Cita hablaba el resto de prisioneros se incorporó y comenzaron a mirarles a través del cristal, pero todos sabían que aquello era imposible, era un simple efecto visual, detrás de aquel vidrio, el resto de sujetos solo podían ver un espejo en el que se reflejaban, sin embargo, los demacrados rostros de aquellos pobres desdichados se dirigían hacia Cita. Aquellos ojos vacios, muertos, hundidos en sus oscuras órbitas contemplaban el tembloroso cuerpo de la Fraulain. Después se volvieron a sentar alrededor del sujeto nº 3.

El grito duró 3 horas, las que tardaron las cuerdas vocales del prisionero en romperse, lo que duró su garganta hasta que se inundó con su vómito de sangre. A su alrededor sus cuatro compañeros permanecían sentados con las piernas cruzadas, tranquilos, murmurando una y otra vez la interminable letanía de sus desgracias.
Al unísono, los cuatro se levantaron y comenzaron a arrancar páginas de los libros que tenían repartidos por toda el área de experimentación, los llenaron de heces y comenzaron a restregarlos por el cristal de la mampara, lentamente fueron tapando, pegando y ensuciando toda la superficie. Al rato habían conseguido tapar cualquier resquicio por el cual los científicos pudieran observar el área de experimentación.
A partir de aquel momento los micrófonos no captaron ningún sonido, sin embargo, los sensores no detectaron ningún intento de sabotaje ni señal de malfuncionamiento, sencillamente, dentro de la estancia, no se producía ningún ruido. Los medidores de consumo de oxigeno ascendieron abrúptamente , el volumen de gasto se disparó, comparativamente era la cantidad necesaria como para mínimo 10 personas sometidas a una actividad física constante y de alto nivel.
El día catorce, después de una reunión de emergencia, el Coronel autorizó a Schumaker a alterar los protocolos del experimento.
Con tranquilidad el Doktor se aproximó al micrófono del intercomunicador y apretó el botón.
- Atención voluntarios, escúchenme con atención, repito, escúchenme con atención, no se están comportando ustedes con lo requerido en las bases de la experimentación, no observaremos ningún tipo de privilegio con aquellos que no obedezcan ni se adapten a lo acordado a la normativa acordada, vamos a llevar a cabo una inspección ocular del recinto, en una próxima comunicación se les informará de nuestra entrada, aléjense de las puertas y túmbense en el suelo con las manos en la nuca, cualquier incumplimiento de estas reglas y serán disparados de inmediato. Si colaboran uno de ustedes podrá salir para un reconocimiento médico, le será otorgada la baja del experimento y será puesto en libertad.

Pasaron unos instantes durante los cuales el silencio alcanzó grado físico, la ausencia de sonido era como un bloque rellenado una habitación, tan sólido que se podía tocar.
Cuando ya nadie esperaba oir nada, todos escucharon a través de los altavoces la voz de uno de aquellos desdichados. Era una voz calmada, sin ninguna inflexión, sin ningún sentimiento, sin vida, era una voz muerta…
Solo dijo una frase antes de enmuedecer de nuevo:
“No queremos ser liberados”.
El mismo silencio de instantes anteriores lleno de nuevo la estancia.
Aquella noche los máximos responsables del experimento y de Fermy snovideniĭ tuvieron una reunión de emergencia. En el amanecer del día 15, abrirían las puertas y entrarían dentro…
CONTINUARÁ.